lunes, 2 de febrero de 2009

¡...Y no lo he dicho yo...!

Últimamente ha llegado a un buen número de bandejas de entrada un “mensaje de despedida” de Gabriel García Márquez; un legado para la humanidad, en el cual se entrega a toda la cursilería gringa, esa que nunca profesó en toda su vida; un pequeño detalle que hace dudar seriamente de su autoría… Al parecer, el escritor real es Johnny Welch, un Ventrílocuo Mexicano...

Y ese es uno de los problemas de la ascendencia. A todo el mundo le da por meterte palabras en la boca, o por atribuirte cosas que no has hecho… pero ya está bien, dejaremos que él hable… porque no lo digo yo; lastimosamente, se nos olvida que la historia es cíclica, y que lo único que deberíamos hacer para cambiarla es aprender de ella… y cuidarnos bastante de no repetirla…

¡Que se tome como quiera, y para el campo que sea! Para todo funciona, y eso es lo bueno de un país libre, y de la increíble capacidad imaginativa de nuestras interpretaciones…

No siendo más, cito:

“… El último consejo de guerra fue el del general José Raquel Moncada. Úrsula intervino “Es el mejor gobernante que hemos tenido en Macondo – le dijo al coronel Aureliano Buendía -. Ni siquiera tengo nada que decirte de su buen corazón, del afecto que nos tiene, porque tú lo conoces mejor que nadie”. El coronel Aureliano Buendía fijó en ella una mirada de reprobación:

- No puedo arrogarme la facultad de administrar justicia – Replicó -. Si usted tiene algo que decir, dígalo ante el consejo de guerra.

Úrsula no sólo lo hizo, sino que llevó a declarar a todas las madres de los oficiales revolucionarios que vivían en Macondo. (…) Úrsula fue la última en el desfile. Su dignidad luctuosa, el peso de su nombre, la convincente vehemencia de su declaración hicieron vacilar por un momento el equilibrio de la justicia. “Ustedes han tomado muy en serio este juego espantoso, y han hecho bien, porque están cumpliendo con su deber – dijo a los miembros del tribunal –. Pero no olviden que mientras Dios nos de vida, nosotras seguiremos siendo sus madres, y por muy revolucionarios que sean, tenemos el derecho de bajarles los pantalones y darles una cueriza a la primera falta de respeto”. El jurado se retiró a deliberar cuando todavía resonaban estas palabras en el ámbito de la escuela convertida en cuartel. A la media noche, el general José Rangel Moncada fue sentenciado a muerte. El coronel Aureliano Buendía, a pesar de las violentas recriminaciones de Úrsula, se negó a conmutarle la pena. Poco antes del amanecer, visitó al sentenciado en el cuarto del cepo.

- Recuerda, compadre – le dijo -, que no te fusilo yo. Te fusila la revolución.

El general Moncada ni siquiera se levantó del catre al verlo entrar.

- Vete al Carajo*, compadre – replicó.
* tomado de la versión avalada por el vaticano, con prólogo de Benedicto XVI, y un apéndice

con los mejores Rosarios. Jejeje…

Hasta ese momento, desde su regreso, el coronel Aureliano Buendía no se había concedido la oportunidad de verlo con el corazón. Se asombró de cuánto había envejecido, del temblor de sus manos, de la conformidad un poco rutinaria con que esperaba la muerte, y entonces experimentó un hondo desprecio por sí mismo que confundió con un principio de misericordia.

- Sabes mejor que yo – dijo – que todo consejo de guerra es una farsa, y que en verdad tienes que pagar los crímenes de otros, porque esta vez vamos a ganar la guerra a cualquier precio. Tú, en mi lugar, ¿no hubieras hecho lo mismo?

El general Moncada se incorporó para limpiar los gruesos anteojos de carey con el faldón de la camisa. “Probablemente – dijo –. Pero lo que me preocupa no es que me fusiles, porque al fin y al cabo, para la gente como nosotros, esto es la muerte natural. – Puso los lentes en la cama y se quitó el reloj de leontina –. Lo que me preocupa – agregó – es que de tanto odiar a los militares, de tanto combatirlos, de tanto pensar en ellos, has terminado por ser igual a ellos. Y no hay un ideal en la vida que merezca tanta abyección”. Se quitó el anillo matrimonial y la medalla de la Virgen de los Remedios y los puso junto con los lentes y el reloj…”.

No es más por ahora… qué bueno que todo lo que pensamos lo ha dicho alguien antes, ¿no? Disculparán mis arranques de John Nash… dentro de poco vendrá la esquizofrenia...

Que se piense... esa es la idea...

2 comentarios:

  1. Gracias por visitarme. Te la devuelvo con la promesa de que no será la última. Muy interesante lo que escribes. Te animo a que el próximo comentario que me dediques seas más crítico y analítico para hacerme mejorar.

    Un saludo y nos vemos por este universo virtual.

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  2. hmmm... sabes?
    no lo había pensado, pero tienes razón. No he leido mucho a Gabo, pero definitivamente no es su estilo.

    Entonces, ¿quién pudo ser?... Averigua pronto! :-P

    XOXO

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